Mitología de las constelaciones y otros añadidos

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Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor JCS » 18 Feb 2010, 12:48

Como algunos saben, los “doblistas” llevamos una temporada trabajando en un proyecto de recopilación de Estrellas Dobles con la ingenua intención de publicarlo, si alguna editorial tiene a bien y se atreve con el desmesurado “ladrillo” en que acabará convirtiéndose (la cosa va por unas 500 páginas y falta la mitad, aproximadamente). Como el libro en potencia incluye, no solo observaciones, medidas y otras enseñanzas de innegable valor científico, para conseguir algo más ameno, variado y atractivo se están añadiendo contenidos extras. Cada constelación viene acompañada de su correspondiente relato mitológico, fragmentos de narraciones clásicas y poemas relacionados con la constelación correspondiente. Así las cosas, me gustaría que todos los interesados pudierais compartir la parte literaria, puesto que lo puramente astronómico se añade diligentemente en el subforo de dobles (cuando se pueda observar algo, claro), de modo que me tomo la libertad de abrir este hilo con el propósito de dar a conocerlo.

Espero que alguien lo disfrute.

Comienzo con Orión

ORIÓN – MITOLOGÍA

Vayamos, ahora, siguiendo nuestro viaje, a visitar la majestuosa constelación de Orión. El gigantesco cazador que preside las noches de invierno en el hemisferio Norte, aunque su posición privilegiada, atravesada por el ecuador terrestre, la hace visible en también en el Sur.
Es, quizás, la figura más conocida del cielo. A pocos les habrá pasado desapercibida la imagen de los dos trapecios invertidos, unidos por su base menor (el cinturón) y en cuyos vértices destacan estrellas como Betelgeuse o Rigel, auténticas joyas celestes. Ocupa una extensión importante y se halla limitada por las de Tauro, la Liebre, el Unicornio y Eridanus. Aparte de por su soberbio aspecto, resulta universalmente conocida por albergar uno de los objetos de cielo profundo mas bellos del firmamento: La Gran Nebulosa de Orión, también conocida por Messier-42 o, simplemente, M-42, que puede observarse a simple vista, siendo incluida en su catálogo por Charles Messier en el año 1679, pese a haber sido, anteriormente, descrita por el astrónomo jesuita Johann Baptist Cysatus en 1611.
Sobre el personaje que representa son varias las historias que, coincidentes en algunos aspectos, difieren entre ellas por algunos matices. Las leyendas, bien sabido es, se distorsionan con el tiempo añadiéndoseles o suprimiendo elementos de los que solo queda constancia verbal. Aún así disponemos de referencias escritas por autores de la talla de Ovidio (Fastos) y Eratóstenes en sus Catasterismos. A ellos remitiremos la mayor parte de nuestra propia narración.
A Orión se le asocia con la región de la Beocia Occidental, un país situado al sur de Grecia, aunque sus hazañas más notables parece que tuvieron lugar en las islas griegas. Este personaje ya aparece en la Épica Homérica con una doble presencia, curiosamente antagónicas. Por un lado se refiere a el como póstumo cazador que practicaba sus artes venatorias en los infiernos, el Port Aventura de la época, que regentaba el archiconocido Hades, y por otro, en los cielos, como cazador afincado en la esfera de las estrellas fijas dándole “las del pulpo” al pobre Tauro, que nada le había hecho, mientras el Canis Mayor observa impertérrito, la escena.

Pese a que el muchacho gozaba de una complexión rayana en la desmesura, superando, incluso, a los bestiales Alóadas, el mismísimo Homero lo describe como el más hermoso de los mortales, aunque con el paso del tiempo se fue convirtiendo en un ser tosco y primitivo, eclipsado por héroes como Perseo y Heracles y eso que este último no era, precisamente el paradigma de la cortesía y las buenas maneras. Asimismo, asegura que la Diosa de los amaneceres, Eos o Aurora se enamoró perdidamente de el, hecho que no aplaudió, precisamente, su compañera Artemisa, la cual decidió deshacerse de el utilizando medios escasamente caballerescos (claro que ella era una dama y, encima diosa, con lo cual hallábase exenta de atenerse a ciertos protocolos).
Su nacimiento provoca ciertas controversias. Según Ferécides y Hesiodo, nació en Creta, hijo de Poseidón y Euriales. Sin embargo la más extendida durante el periodo helenístico, asegura que Hirieo, el fundador de la ciudad de Hiria, deseaba tener un hijo y ya desesperaba de que su deseo se cumpliese, cuando, habiendo recibido la visita de Zeus, Poseidón y Hermes en su humilde finca de La Moraleja, estos recompensaron su hospitalidad otorgándole el ansiado deseo. El modo en que lo hicieron se aparta algo del ortodoxo proceder establecido para tales menesteres y consistió en orinar sobre la piel de un buey que adornaba su saloncito (esto de ser dios y marrano, al mismo tiempo, constituye, como mínimo, una extravagante ambivalencia) ordenando, tras aliviarse, que enterrase la piel en el jardincito del adosado durante diez meses. Tras el periodo de gestación (o cultivo) el niño emergió de la tierra (ello movió a creer a Apolodoro que su madre era Gea, La Tierra) y al orgulloso papaito no se le ocurrió otra cosa que llamarle Ourion en honor a su pintoresca procedencia, ya que el verbo griego “ourein” significa orinar.
Ya siendo un fornido mozo decidió que su vocación eran las artes venatorias, que compaginaba con otras aficiones, a la sazón, peor consideradas por la alta sociedad. Ejemplo de ello lo encontramos en la persecución, con inconfesables propósitos, de las hijas de Atlas, sobre todo de Mérope, que acabaron, igualmente, en el cielo, como las archiconocidas Pléyades (por cierto, a estas alturas aún anda tras ellas. No hay más que reparar en su posición, huyendo del fornido cazador, dentro de la constelación de Tauro).
Pasado el tiempo y templadas algo sus lujuriosas tendencias, casó con una paisana de su Beocia natal que atendía por el nombre de Side. Como la encantadora muchachita se jactaba de su inigualable belleza, que superaba a la propia Hera (la esposa de Zeus), esta decidió que en el Inframundo sería algo menos molesta, de modo que allí la envió, dejando a nuestro cazador como los de Tudela. Total que, al perder la compañía, se dijo aquello de “A rey muerto, rey puesto” y marchó a la isla de Quios con el fin de pedir la mano de la hija del rey, Enopión, literalmente: “Cara de vino” (indicio evidente sobre sus aficiones enólicas) y que, curiosamente, también se llamaba Mérope. A pesar de que Orión intentó ganarse el favor de su pretendido suegro a base de acabar con la fauna salvaje de la isla a garrotazo limpio (nada de cambios climáticos antropogénicos; cachiporrazo y listo), Enopion no se dejó engatusar y le dijo que se buscara a otra, que la niña de sus ojos se quedaba en casita.
Notoriamente molesto por la negativa el intrépido protagonista irrumpió, una noche, en la habitación de su pretendida y se ganó por la fuerza (que no le faltaba, precisamente) los favores de la inocente criatura.
Cuando su padre, que tampoco era de los que se andaban con chiquitas, tuvo conocimiento de la tropelía, cegó a nuestro amigo y lo envió a freír espárragos fuera de la isla. El pobre se dedicó a vagar de un lado para otro, cruzando a pie el mar Egeo, don heredado de su padre Poseidon, hasta que el dios Helios, apiadado por su desamparo, curó su ceguera.
Sobre su muerte circulan, también, diferentes relatos. Unos dicen que, tras el episodio de Quios y una vez recuperada la vista, dio en escabechar a todo bicho viviente que se le cruzaba, vanagloriándose de ello, con tal desfachatez y soberbia, que Gea, hasta el moño de sus fanfarronadas, le envió un escorpión, lo que provoco su hilaridad ante la insignificante figura del animalejo, antes, claro está, de que este clavase su ponzoñoso aguijón en el pie del cazador. Al percatarse de que ya estaba “listo de papeles” suplico a Zeus que no permitiese una muerte tan poco heroica, de modo que, apiadándose de el, decidió colocarle en el firmamento junto a sus dos perros: Canis Mayor, Minor y una liebre que representaba su afición por la caza.
Otra historia asegura que su propia compañera de incursiones venatorias, Artemisa, lo mató accidentalmente, o no, vaya usted a saber, de un flechazo.
Sea como fuere, ahí tenemos su imponente figura, todos los inviernos para disfrute de aquellos a los que nos da la singular locura de pasar frío y calamidades observando minúsculos y lejanos puntitos que nos llenan de satisfacción y orgullo.

Y si el anhelo te lleva a navegar en mares tormentosos,
cuando las Pléyades huyan del poderoso Orión
y se hundan en las brumosas profundidades
y todos los borrascosos vientos rujan,
no sigas entonces con tu barco en el oscuro mar
sino, como te pido, recuerdo trabajar en tierra.

Hesiodo: Los trabajos y los días

Bien fue de acero y bronce aquel primero
que en cuatro tablas confió su vida
al mar, a un lienzo y a una cuerda asida
y todo junto al viento lisonjero;

¿Quién no temió del Orión severo
la espada en agua de mar teñida,
el arca doble al Austro, y la ceñida
obtusa luna, de nublado fiero?

El que fió mil vidas de una lengua
de imán tocado, al Ártico mirando,
y en líneas treinta y dos, tres mil mudanzas.

Pero más duro fue para su lengua,
quien puso (las que tienen contemplando)
en mar de una mujer sus esperanzas.

Félix Lope de Vega y Carpio. Rimas (soneto XXVII)

Perdón, pero es que me aburro con tanta nube, lluvia, nieve, frío y demás desdichas del aficionado.
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor JCS » 18 Feb 2010, 15:39

PERSEO – MITOLOGÍA

La constelación de Perseo, visible casi exclusivamente desde el hemisferio Norte, se encuentra en la zona circumpolar, situada entre Andrómeda, Cassiopeia, Auriga y la Jirafa. Pertenece a las catalogadas por Ptolomeo y representa al héroe griego que decapitó a Medusa, cuya cabeza lleva en una de sus manos. Se da la circunstancia que el maligno ojo de la “Top Model” corresponde a la estrella Algol ("ra's al-ghûl", la cabeza del demonio) y es el prototipo de las variables eclipsantes, con un periodo de
2 días, 20 horas y 40 minutos de diferencia entre el máximo y el mínimo, siendo, por tanto, fácil de observar.

Tal y como ocurre en los mitos y leyendas de cualquier civilización, los orígenes de algunos personajes resultan ser algo confusos, debido a la transmisión oral, entre generaciones, de los relatos épicos, que hacían ciertos rapsodas para ganarse el sustento. No obstante suele existir cierta unanimidad en cuanto a sus hazañas, que, en realidad, es lo que cuenta a la hora de distraer al personal.

Parece que Perseo era hijo de Dánae y Zeus. Se trataba, por tanto, de un semidiós. El modo en que la citada engendró al muchacho no se aparta un ápice de las extravagancias que tanto menudeaban en aquellos tiempos. Dánae, a su vez, era la amantísima hija de Eurídice y Actisio, hermano gemelo de otro figura: Preto, que montó una buena en Tirinto. Lo cierto es que Actisio anhelaba un hijo varón, pero la cosa no terminaba de cuajar. Total, que elevó consultas al Oráculo de Delfos y la respuesta fue que su niña daría a luz un hijo que, con el tiempo, lo mataría. Ello provocó cierta desazón en Actisio y, para evitar que tal cosa ocurriese, encerró a la pobre en una cámara subterránea y le retiró la paga semanal. En una versión diferente de Ovidio y Horacio, el encierro se produjo en una torre de bronce. Claro que nuestro inflexible amigo no contaba con el insaciable Zeus y su capacidad para conseguir cualquier cosa utilizando los métodos más inverosímiles. En esta ocasión se transformo en una lluvia de oro (gusto no le faltaba) colándose por el tejado y cumpliendo, debidamente, con su deseo.

Ya nacido el vástago, al que se le puso por nombre Perseo y, cuando, pasados algunos meses del nacimiento, Actisio reparó en el (no destacaba por oficiar como abuelo de un modo ejemplar), temiendo que se cumpliese la profecía decidió meter a los dos en una cesta los arrojándolos al mar (el asunto de la cesta - catamarán es recurrente en otras narraciones de tinte religioso, aunque con diferentes personajes). El hecho es que tras una bonancible travesía por el mar Egeo, quedó varada en la costa de Sérifos regentada por Polidectes. El jerarca tenía un hermano: Dictis, que se encargó de recoger y acoger a los improvisados náufragos, dándoles cobijo y manutención. Cuenta Ferécides que Perseo recibió una esmerada educación por parte de Dictis y que trató a ambos, madre e hijo, como de su propia familia. Pero en aquellos tiempos las cosas se enredaban constantemente y Polidectes encaprichóse de la hermosa Dánae El tal reyezuelo hacia gala de un carácter radicalmente distinto al de su piadoso hermano y decidió montarse, por su cuenta, una singular “cata” de la mamá de nuestro héroe. Así las cosas elaboró un plan para librarse de Perseo que, robusto y pendenciero como era, no permitía que nadie se acercase a su progenitora, que bastante había pasado la criatura. Total que decidió, el muy ladino, encomendar al muchacho una “Misión Imposible” previamente rechazada por Tom Cruise. El trabajito consistía, nada menos, en que le ofreciera como presente la cabeza de Medusa, una de las tres hermanas Gorgonas y la única mortal. Así y todo el encargo no era como para acercarse a un Centro Comercial y solicitarla amablemente al vendedor. Polidectes estaba al tanto que la criaturita era de “armas tomar” y convertía en piedra a todo aquel osado al que mirase con su único ojo. Al pobre Perseo le faltó el resuello cuando escucho el encarguito de marras. Pero, al cabo, tenía madera de Superhéroe y no se amilanó; solicito ayuda y consejo a Hermes, Atenea y Hades (pocos favores hacía este último, salvo acoger, por un moderado alquiler, a las ánimas que caían en sus manos), Todos sugirieron que fuese en busca de las Gayas, hermanas de las Gorgonas (premio de natalidad de la época) para que les revelas su paradero. También le proporcionaron, Hermes un escudo de bronce bruñido como un espejo, Atenea unas sandalias voladoras y Hades un casco que le convertía en invisible (precursor de la capa de Harry Potter).
Con tales pertrechos partió en busca de las Gayas, a quienes convenció, con argumentos similares a los que son moneda corriente, hoy en día, en Guantánamo, para que le soltasen, de corrido, el escondrijo de sus hermanitas. Ya sabedor del lugar donde moraban, allí se dirigió. Al encontrarse frente a Medusa y, con la protección que le brindaba el escudo-espejo, le cortó de un tajo la cabeza. Cuando tal hizo, junto a la sangre que manaba del cercenado cuello, cuenta Ferécides que nació el caballo alado Pegaso y el pobre ginecólogo que le tocaba guardia ese día, pasó las de Caín ante semejante parto.

Una vez conseguido el trofeo, salió pitando con las otras dos hermanas pisándole los talones, pero las sandalias con alas alcanzaban una mayor velocidad punta y pronto las dejó atrás. Otra versión asegura que su huida la realizó a lomos del neonato Pegaso.

En fin, ya es hora de ir terminando. Solo queda por señalar que en su viaje de regreso alcanzó a ver a una pobre muchacha atada a un acantilado y a un monstruoso animal (Cetus) a punto de merendársela y la rescato matando al bichito con su espada (o convirtiéndolo en piedra con el ojo de la Medusa que guardaba en el zurrón o Kibisis, como se llamaban entonces). Pero esto forma parte de la historia de la constelación de Andrómeda y no nos extenderemos en ello.

Dejamos sin explicar como se vengó, a su vuelta, del tontorrón de Polidectes por haberle metido en semejante berenjenal, pero quizás sea mejor dejarlo aquí para no provocar los bostezos de aquellos que aún sigan leyendo estas líneas.

Ocioso es decir que con semejantes aventuras y desventuras se hizo acreedor al ascenso a los cielos (nueva recurrencia religiosa) ocupando un puesto privilegiado junto a las constelaciones ya mencionadas.



Perseo venía rompiendo
el aire, con prestas alas
de dar muerte a Medusa
y su cabeza cortada
traía llena de sierpes,
en que Minerva enojada
porque profanó su templo
volvió las hebras doradas,
y como oyó los gemidos
de Andrómeda, el curso para,
y viendo su hermosura
ser diosa creyó sin falta;

Juan de la Cueva.
Coro Febeo, (fragmento)
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor JCS » 18 Feb 2010, 15:43

LEO – MITOLOGÍA

León (Panther Leo), un félido carnívoro que habita, principalmente en el África subsahariana. Ha ejercido siempre una gran fascinación en el hombre y aparece como protagonista en innumerables culturas, mitos, símbolos guerreros o caballerescos, narraciones de aventuras e, incluso, como objeto de entretenimiento en cuentos y películas infantiles.

Pese al comienzo, algo desconcertante de este relato, no es intención hacer un análisis cultural de semejante figura ni estudio zoológico alguno. El propósito es, obviamente, narrar e ilustrar el mito que provocó el nacimiento de una de las constelaciones boreales. Forma parte de las doce que integran el Zodiaco. A estas añadió Ptolomeo otra 36, con lo que el número total de estas figuras, formadas por agrupaciones de estrellas, alcanzó un total de 48 (luego vinieron mas, claro). Se trata de una de las más conocidas. Mediana en extensión y situada entre Cancer, Virgo, Ursa Mayor y Leo Minor. Aparece en el este sobre el mes de febrero, permaneciendo visible hasta finales de Julio. Es destacable el hecho de que contiene gran cantidad de estrellas brillantes y objetos de cielo profundo que más adelante serán detalladas.

Pero vamos sin tardanza a la parte del capítulo que ocupa su lugar en estas líneas: el origen del mito.

Debemos recordar que los héroes y dioses griegos han provocado (repetimos) una profunda atracción en los seres humanos. Cuestiones tales como su cercanía, nada que ver con las inalcanzables deidades que protagonizan las religiones monoteístas, su comportamiento más afín a lo humano que a lo divino, sus ambiciones y, hasta, sus tropelías, a veces propias de seres esquinados, tan abundantes entre los mortales y un sinnúmero de características propias de la personas corrientes y molientes, los han hecho acreedores a su admiración, indulgencia e, incluso, simpatía.

Estos mitos tienen su origen en narraciones populares al estilo de los Cantares de Gesta medievales y que, posteriormente fueron recogidos y, debidamente adornados, por eruditos, escritores y dramaturgos de la talla de Homero, Hesiodo, Eratóstenes, Baquílides y muchos etcéteras.

Pero un mito era algo más que el relato de una o varias hazañas protagonizadas por tal o cual sujeto. Existe en ellos un segundo sentido misterioso y profundo que se hunden en las raíces del ser. Ese “segundo significado”, esa interpretación alegórica se hallaba presente en algunos contemporáneos de los Presocráticos que narraban las mentadas hazañas y penurias de los seres “poderosos” introduciendo entre líneas los símbolos ocultos (nada que ver con ciertos bestsellers tan cotizados últimamente). Uno de los primero conocidos en dedicarse al oficio de rapsoda fue Teágenes de Región, que amenizaba festejos con tales narraciones.

Bien, como esta introducción se extiende demasiado, pese a que resta mucho por decir, nos centraremos en el mito que justifica la existencia de la citada constelación.

Fue nuestro viejo conocido Heracles quien proporcionó la eterna presencia en el firmamento al animalito, que no era otro que El León de Nemea, cuya muerte fue el primero de los “Doce Trabajos”que Euristeo le encargó para permitir que estableciera su residencia en Tirinto (los sin papeles tienen que buscarse la vida de las maneras más inverosímiles, a veces).

El bicho, objeto de nuestro relato no era, precisamente, para tenerlo de mascota. Habitaba una región montañosa cerca de Micenas y Tirinto, concretamente en el monte Treto (el perforado) donde se ocultaba tras realizar sus barrabasadas. Cuenta la leyenda que era invulnerable a todo tipo de armas y nadie había sido capaz de deshacerse de el, antes bien, los osados que lo intentaron, acabaron en la escudilla de su almuerzo. Al parecer, Heracles, cuando se dirigía a su guarida para cumplir con el encarguito de marras, hizo un alto en la ciudad de Molorquia donde trabó amistad con un paisano al que el animalito dejó sin su hijo. Este le explicó la estrategia a seguir, que consistía en bloquear una de las dos entradas de la cueva y, de ese modo acorralarle, y allá que marchó nuestro héroe armado de una clava nudosa, lanza y espada. No existe constancia escrita de ello pero, al parecer, cuando se encontró frente a la mala bestia, se dice que pronunció una frase que, pasados los siglos, alcanzó gran notoriedad y es: “Me pareció ver un lindo gatito” Sea como fuere, el combate se entabló ferozmente y, al final como en las películas, Heracles salió vencedor. Desolló al león y se colocó la piel encima para entrar de esa guisa en Tirinto. El resto no precisa más detalles.


"Manos, manos, espalda y pecho, queridos brazos, vosotros os erguisteis como aquéllos que otrora subyugaron por la fuerza al habitante de Nemea, tormento de los pastores, al león, criatura inaccesible y que no puede ser confrontada…"

Baquílides. Epinicio 13
Última edición por JCS el 12 Dic 2010, 19:08, editado 1 vez en total.
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor almach » 18 Feb 2010, 15:50

JCS escribió:Espero que alguien lo disfrute.


Alguien no lo sé... pero yo sí que lo disfruto JCS. Eres un crack :wink:

Saludos
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor eluniverso » 18 Feb 2010, 16:44

gracias!!!!! me gusta, me gusta!!!!! :multi:
" Me siento como un niño que juega en la orilla del mar y se diverte descubriendo de vez en cuando un guijarro mas liso o una concha mas bella de la corriente, mientras el gran océacno de la verdad se extiende ante mi, todo el por descubrir" (Newton)

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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor Nachote » 18 Feb 2010, 17:18

JCS, amigo mio.
Personalmente tengo la "doble suerte "de poder disfrutarlo leyendo tus correos y redisfrutarlo leyendo este hilo... :hello1: :hello1:
Ya sabes como admiro tu facil y entretenida prosa :thumbleft:

Un abrazo.
Podeis visitar:
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor merce » 18 Feb 2010, 19:30

:notworthy: :notworthy: :notworthy: AN dro me da , an dro me da :hello1: :hello1:
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Ari2
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor Ari2 » 18 Feb 2010, 20:25

Felicidades por el trabajo, y muchas gracias por compartirlo.

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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor JCS » 18 Feb 2010, 20:26

Os agradezco vuestras palabras, me ha parecido conveniente e ilustrativo que se conozca, con detalle, el origen de las constelaciones que, con tanto afán, vemos, admiramos y escudriñamos en busca de sus secretos. Oscar e Ignacio vosotros sois partícipes del proyecto y os están vedadas las lisonjas. Respecto a ti Merce, tienes la crónica de Andrómeda en la recopilación de Estrellas Dobles. Por cierto, es obra de tu paisano Oscar (Almach) y suyo es el mérito de haber iniciado esta maravillosa iniciativa y como las comparaciones son odiosas no pretendo narrar la historia a mi manera. Adrómeda la vio el primero y suya es.
Gracias a todos y un abrazo. Os anticipo que tendréis tiempo de maldecirme. Es mucho lo que hay y más lo que queda.
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Re: Mitología de las constelaciones y otros añadidos

Mensajepor JCS » 18 Feb 2010, 21:07

Dedicado a Quili

LYRA – MITOLOGÍA

Lyra es una pequeña, pero hermosa constelación que aparece en el verano boreal. Tiene forma de paralelogramo con un apéndice que acaba en Vega, una de las estrellas dominantes del periodo estival. A pesar de su reducido tamaño y de encontrarse junto al majestuoso Cisne que protagoniza y acapara las miradas, el pequeño instrumento musical resulta ser un valioso joyero, haciendo bueno el dicho “que las más delicadas fragancias se conservan en frascos pequeños” Quizás no sea exacta o literal la cita, pero estoy improvisando y apelo a la indulgencia de los, a estas alturas, sufridos y pacientes lectores.

Su estrella principal Vega es uno de los vértices, junto con Deneb (Cisne) y Altair (Águila) del llamado Triángulo de verano. Pero la impresionante estrella no es más que la puerta a todo un mundo gemológico que el menos codicioso de los joyeros ambicionaría para si solito.

Pero comencemos con la historia que, como todas las procedentes de los mitos griegos, tiene los suficientes condimentos como para que cualquier guionista de Holliwood elabore una deslavazada y errática pantomima de la leyenda, eso si, con Brad Pitt y Angelina Jolie que tienen un tirón comercial que ya quisiéramos los autores de estas líneas.

El relato comienza en la nave Argos, con Orfeo enrolado en ella. El maravilloso cantante y tañedor de lira, del que se decía que con sus sonidos conseguía aplacar a las bestias (los capataces y otros jefecillos de personal o sección eran y siguen siendo inmunes a tales artimañas) y obrar otros hechos prodigiosos. Pero el instrumento fue inventado por Hermes que también fue el primero en cantar acompañado del sonido de sus cuerdas, pero se dice que al no conseguir alzarse a los primeros puestos de los “superventas” decidió cederle el invento al dios Apolo, quien, a su vez se lo regaló a Orfeo. Este si que le sacó partido al chisme.

El caso el que nuestro héroe se dirigía, junto con el resto de los Argonautas, a la salvaje región de Tracia para introducirse en el “Inframundo” con el propósito de cantarle una coplillas a Hades, el dueño de la hacienda para que accediera a liberar a su amada Eurídice, que tuvo un encontronazo con una serpiente venenosa y se fue, lista de papeles, a hacer compañía a las ánimas de las que se apropiaba el mameluco de Hades.

Total que, con su poderoso instrumento en la mano (la lira, desde luego), lo primero que hizo fue atontolinar a Cerbero, el perro mascota y guardián del chiringuito para, a continuación, plantarse ante Hades y suplicarle que le devolviera a su esposa, acompañando la preceptiva solicitud, con los cánticos que, previamente, le había compuesto un tal José Luis Perales. Nunca sabremos si conmovido o abrumado por su virtuosismo, el jefe dijo ¡Vale, vale...lo que quieras pero calla de una vez! Y según otros, también le dio a Perséfone (estaba en oferta ese día. Dos al precio de una).

La cara menos amable de la historia es que, para su liberación, Hades impuso una ladina condición: Euridice podía seguir a Orfeo pero este no debía mirarla en ningún momento. Como era de esperar, nuestro héroe no pudo resistir la tentación y se dio la vuelta para contemplar a su legítima, provocando que la pobre fuera arrastrada de nuevo a la morada de los difuntos. ¡Mala suerte!

Esta escena se halla fielmente representada en un valioso relieve ático: Orfeo se vuelva para mirar a Euridice tocando suavemente su hombro, pero Hades ya la tiene aferrada con la derecha, mientras le susurra ¡Venga, tira p’ adentro! En ese momento el trueno de Zeus sonó tres veces. (Esto de la triplicidad verbal suele ser bastante comun en diferentes religiones).

Esta vez voy a extenderme un poquito más, aunque solo sea por fastidiar. A raíz del desdichado episodio Orfeo se abstuvo de hacer el amor con las mujeres. Solo buscaba la compañía de jóvenes efebos y de el se dice que introdujo la práctica homoerótica en Tracia. Hasta que se topó con unas curiosas damiselas (por decir algo) conocidas por las Bacantes - con B y que, al reconocerlo, sabedoras que les arrebataba clientela le dieron muerte, arrojando su cabeza al mar donde llego flotando a desembocadura del río Meles en Esmirna. En esta ciudad recogieron su cabeza y erigieron un templo en su honor, al cual no les estaba permitido el acceso a ninguna mujer. Apenado Zeus por el triste final, colocó en el firmamento el objeto que tantos éxitos proporcionaron al protagonista de la historia.

Y eso parece ser lo ocurrido con “el pequeño ruiseñor” El dramaturgo trágico Esquilo recoge en varias de sus obras, retazos de lo acontecido, como el drama satírico Cabilos, o la tetralogía Ligurgia.

Ignoro la razón de que la mayoría de las leyendas y mitos griegos acabasen, casi siempre, tan mal. Acaso tenga que ver con su resignado sentimiento trágico de la existencia, claro que Asclepio aun no tenía puesta a punto la Fluoxetina, más conocida como Prozac y eso quizás tenga algo que ver con su actitud.




“Si fueras tú mi Eurídice, oh! señora,
Ya que soy yo el Orfeo que te adora,
Tanto el poder mirarte en mí pudiera,
Que sólo por mirarte te perdiera;
Pues si perdiera la ocasión de verte,
Perderte fuerais, por no perderte.
Más tú en la tierra, luz clara del cielo,
Firmamento que vives en el suelo,
No podía ser que fueras
Sombra, que entre las sombras asistieras;
Que el infierno contigo alumbrara;
Y tu divina cara,
Como el sol en su coche,
Introdujera auroras en la noche.
Ni yo, según mis sentimientos veo,
Fuera música Orfeo;
Pues de amor y tristeza el alma llena,
No pudiera cantar, viéndote en pena.”

Francisco de Quevedo y Villegas
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